PIEDRA HERIDA
Llovían aguaceritos de silencio
Sobre la desmayada
Hierba cajamarquina.
Era una madrugada
Bárbara y senil
Con acordes de perejil.
Los pájaros picoteaban con deleite
El musgo del olvido
Que crecía debajo de una piedra herida.
Fue entonces cuando te vi:
Corrías hacia la misa
Dejando un rastro de enaguas almidonadas.
Luego te pusiste tu mantilla sarracena
Y al mirarme
Encendiste el resplandor del nuevo día.