EL DORMITAR DE LOS MOLINOS
Yo sé que antes que tú
Existía el silencioso dormitar de los molinos
Y también la vieja costumbre
De triturar los enmudecidos cascarones del viento.
Estos ojos que lo han visto todo
Observan ahora
La miel que se derrama de los agujeros del cielo.
Y esta mágica humedad
Me obliga a escribir la palabra tristeza
Casi siempre en primera persona.
No hay dolor más agudo
Que el chillido de un pájaro que sangra sobre la nieve
Y por cuya herida borbotea su gorjeo suplicante.
Para regresar del dolor
Solía caminar descalzo durante treinta noches
Sobre una mezcla ardiente de mariposas y ron.
Pero casi siempre
El dolor retorna a mis versos
Y transforma mis tardes de sol en azucenas muertas.
Por eso
Suelo escarbar la amada mitad de tu sonrisa
En el rincón donde jamás irrumpe el día.