PARA DECIR ADIOS
Para decir adiós
Siempre regresamos
A donde todo comenzó.
Nos esmeramos tanto en alejarnos de la vida
Y al final nos quedamos anclados
En la estación de la ternura.
Por eso aceptamos el dolor que acecha en los andenes
Para no llorar y no decir hasta nunca.
Uno se despide mansamente
Pero resulta deteniéndose después
En la lejana morada del recuerdo.
Y es que sucede que el alma se acostumbra.
A observar la inexorable partida de las cosas
Porque es imposible regresar
A recorrer de espaldas el camino.
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